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Bob Marley, el ron Appleton, las rastas y el wid. El verde, amarillo y rojo, las playas de arenas blancas,…Jamaica es sinónimo de libertad, belleza, alegría, fiesta, y vivirla en carne propia, estar alli es una de las mejores experiencias que he podido pasar.

Hace unos cuantos meses tuve la oportunidad de viajar a Jamaica, parte trabajo, parte diversión, aunque al final el trabajo se redujo a un 20% o una mañana de los cuatro días que visité la isla.

Desde el momento que vas en el avión y observás las pequeñas islitas del Caribe, en tu cuerpo y mente se van formando una mezcla de emociones y pensamientos, y uno que pasaba por mi mente en ese momento era, “ojala que esta vaina no se vaya a caer y quedemos varados como la mara de Lost”.

Gracias a Dios, eso no pasó, llegamos sanos y salvos al aeropuerto de Montego Bay, al norte de Kingston, de allí nos trasladaron hasta Negril, en donde nos hospedaríamos por esos cuatro días.
De entrada nos reciben con una rica y heladita cerveza local, Red Label, que viene en unos botes que parecen recipientes de medicina, (medicina para el alma), desde ese momento “The party started”.

El clima es muy parecido alnuestro, cálido, con brisa, pero no es sofocante, las playas de arenita blanca, limpia y suavecita, son como una caricia para los pies cuando caminás en ellas, el agua del mar ni se diga, tibia, sin olas, pareciera un enorme lago salado.

Por la noche, fuimos, (uso plural porque el grupo de viajeros era de siete), a un bar a la orilla de la playa en la que había una banda de reggae local tocando las mejores rolas del emblemático Bob marley, así como de otras legendarias bandas y artistas locales, Black Ururu, Sean Paul, Ziggy Marley, y otras más.
Sencillamente Full Elevado, música rica, gente bailando, tu bebida favorita, el manto nocturno con la luna y las estrellas extendido y mostrando todo su esplendor, alejado de la presión diaria, solo vos disfrutando tranquilamente, rico.

La noche se nos hizo corta, al día siguiente, luego de un buen y reparador desayunito, con juguito de naranja y panquequitos, había que seguir en el relax, playita, era lo que tenía en mente, por lo menos hasta que se llegara la hora de ir a nuestro siguiente destino, Ricks Cafe.

Este lugar es muy popular en Negril por ser el lugar perfecto, según la propaganda, para ver la puesta del Sol, y en definitiva que lo es, el restaurante está ubicado encima de un risco, desde donde pordés ver perfectamente la puesta del sol.
En ese lugar también podés probar tus nervios lanzandote al mar desde una parte especial, (por si las de hule hay unos tipos abajo con salvavidas y toda la onda). La cosa es que hay mara haciendo clavados, show para la gringada, que es lo que más se ve en cuanto a turistas.

En el Ricks Cafe esperamos la puesta del Sol, un espectáculo maravilloso que nos recuerda la magnificencia de nuestro bondadoso creador al regalarnos eso y más cada día, y de fondo para ambientar la escena. ¿qué se imaginan?, reggae, Yah Man!, Respect!. y claro, una sabrosa, heladita y refrescante Red Label, yeah!.

La noche nuevamente llegó a Negril. De Ricks nos trasladamos al Kuyaba, un hotel y restaurante muy bonito y por supuesto a la orilla del mar, en donde comimos el plato típico de Jamaica, (que no es más que casamiento), con pollo Jerk, una salsita agridulce un poco picantita pero sabrosa.

El tiempo de partir estaba llegando, solo hacía falta darse el “shopping”en alguno de los mercaditos de artesanías para traer los recuerditos de regreso a casa. Lo malo de estos viajes es que el tiempo pasa demaseado rápido, cuando menos sentís estás de regreso en el aeropuerto checando maletas y esperando a abordar al avión que te llevará de regreso.

Atras quedarán las palmeras, la arena, las playas, la música, el ambiente, y todos los demás elementos que hicieron que este viaje a Jamaica fuera inolvidable.

P.D. Pueden ver una galería de fotos en http://www.hi5.com/friend/photos/displayUserAlbum.do?albumId=86362804&ownerId=544244